post # 71: dilemma.


Dizque la hierba mala nunca muere, así que, de nuevo, afirmo con pompa y circunstancia mi triunfal regreso a mi tan H. blog que tantas alegrías y tristezas me ha traído. En el último post le di chance a Dave, mi alter (es mas fácil llamarlo así que con mi superchoro/letanía habitual), para que se quejase de mi a sus anchas... Okey, ni siquiera le di chance, el muy joputa empezó a escribir y... bueno, lo demás ya está allí escrito. Volvamos con
la estrella de aprendizdesamsa. O sea, yo.

Presenté mis
examenes de admisión: el 3 de julio a la UAM, y el 5 de julio al CCC (Centro de Capacitación Cinematográfica, que quede claro). Del primero no hay gran cosa que decir, excepto que me sentí en Treblinka con tantos gritos, altavoces y códigos de alta seguridad, como si en vez de cuadernillos de examen nos dieran códices sagrados; ah, y que nadie se molestó en soltar un “pueden empezar, jovenes” o “a darle, atomos”, ergo perdí como 20 minutos de valioso y atesorado tiempo; ah, y que practicamente la mitad del examen me quedó perfecta, y en el momento mas exquisito la dama que nos vigilaba/atendía/jodía bramó “les quedan 30 minutos, jóvenes”. Por tanto, unas 50 preguntas del bendito examen las respondí con el mismo vertigo y adrenalina de una película de Michael Bay después de fumarse una caja de habanos; ah, y que me deprimí, le mandé mensajes de auxilio amoroso a mi novio, y los respondió un usuario desconocido (amén del montón de números de mierda que guardo en el móvil), y que me caí en las escaleras de mi casa. Yupi.

El lunes, tras un satisfactorio domingo de dormir como cadaver y de atascarme de cine torture-pooorn hasta perderle el apetito a una sopa de chicharos, me encaminé ufano al examen del CCC. Aslan sabrá porqué, pero no me sentía ni la mitad de nervioso u orinado que el sábado anterior. En honor a la verdad, todo el trámite fue muy rápido y amigable, la gente que labura en el CCC es bastante cordial y eficaz. O será que ya he tratado con bastantes funcionarios cuyo trabajo un ladrillo podría desempeñar con mayor virtud, carajo.

Ahora, el famoso examen como tal... Ni siquiera es un examen, joder. A mi me pareció un simple chismógrafo. O algo así. 10 preguntas bastante... ¿elocuentes? y media cuartilla para responder cada una. Nada de opciones, nada de hojas de respuestas, nada de rengloncitos cutres. Basicamente tenías 5 páginas para soltar toda la mierda que te saliera de los cojones. Y es que no puedo imaginar un examen propiamente dicho donde me preguntasen sobre mis películas favoritas o la filmografía de David Cronenberg o sobre mi ser mas querido (aww). O será tradición de las escuelas de Cine hacer exámenes tan extraños...

Porque como bien recordaran mis conocidos, el examen para aplicar al CUEC es, basicamente:

(42) ¿A que banda pertenece el álbum Pablo Honey?
a) Pet Shop Boys b) Depeche Mode c) Oasis d) Radiohead

Oh, si: mas o menos, lo mismo por 110 interrogantes. Algunas mas cabronas que otras, pero la mayoría imposibles de responder si no has leído la Rolling Stone un par de veces y has tenido sexo con mas de tres personas. Mi instinto me dice que hacer Cine es, de por si, un acto de pensamiento amplísimo y universal, a diferencia de otras Artes que son mucho mas concretas, y por tanto los cineastas per se deben tener conocimientos de una cultura general en toda regla... ¿Me explico? Como sea, en el CCC me sentí bastante bien, muy reconfortado: a diferencia del 3 de julio, en este si sentí que había vaciado todo lo que tenía que dar, sin importarme categorias o impresiones: simplemente soltando ideas a quemarropa como suelo hacer al escribir. Que a fin de cuentas es lo que mejor sé hacer.

El 25 de julio, bendito sea, anuncian los resultados de ambos. El de la UAM para la carrera de Diseño y Comunicación Visual es definitivo. El del CCC para la carrera de dirección cinematográfica es un “ya mero”. Porque sorteando este, me quedan otras tres etapas que sufrir. Aprende, Jigsaw maricón. Esto si es suplicio.

Mientras, solo me queda pasar estas semanas moliendo, bebiendo, tomando café, y agarrándome a mis esperanzas fresquecitas y renovadas. Mucha mierda para nosotros.

p.d: por si les interesa, Dave se abrió su propio blog. El muy desgraciado usó mi cuenta. Así que pásenle, déjenle comments para que se quede callado. (Encima su template está mas padre que el mio... Clic acá.)

(arriba) I am., de Charlie Bowater.

(ghost in my machine.)


Querido Yess:

Si, se supone que hoy escribirías tú. Se supone, también, que sería tu personalísima aceptación a la existencia de una voz en tu cabeza que ya es alguien, que ya tiene nombre, apellido, una polla y una razón. Se supone que ibas a dejar que lo mio se deslizara entre tus palabras, que tu Pepe Grillo mal viajado y joputa cogiera sus propias letras con la cabeza gacha y tus buenos/malos deseos.

Okey, tengo noticias: no necesito tu permiso para ser yo, Yess. Solo necesito un rincón de tu conciencia, un lado de tu cuerpo y raciones de cerveza de vez en cuando. Hoy escribo yo, desde cero, por la misma razón que tú no puedes escribir una palabra sobre mi aún, la misma razón para que mande a la chingada ese rincón de tu conciencia donde se me hiela la sangre: te faltan cojones –no tienes tanto coraje, tanta fuerza, tanta bravia, tantos huevos, llamalo como quieras. Puedes ser un valemadrista experto, un indianajones de mala profesión, un correcto idiota que asume riesgos todavía mas idiotas para convencerte de lo que te sobra; pero nunca has sido ni la mitad de lo que deseas.

Vives convencido de que llegaste al mundo para existir a medias entre la decepción y la furia (ni siquiera puedes vivir tus emociones completamente), y que saldrás de él por el resquicio de la puerta, en perfecto silencio y con sangre entre los dientes. Las cosas que deseas, las cosas que te hacen feliz, las cosas que te regalan un pedacito de esa cosa que los demás llaman felicidad y tu no puedes aceptar en tu espectro de sombras y basura: esas cosas se te escurren de las manos y no puedes/no quieres/no te importa aferrarlas. Tal vez tengas miedo de perder ese enfermizo pesimismo que te robas de Nietzche; o tal vez no soportes la idea de que un puñado de sonrisas te quiten las ganas de derrumbar lo que se ponga en frente en pos de tu humanidad; o tal vez simplemente eres adicto a llevar la contra, incluso a ti mismo, y rasguñar tus ilusiones cumplidas es solo una trampa construida por esa parte de ti que realmente tiene ganas de vivir un poco mas. Tantos pretextos, chinga, y ninguno lo bastante bueno para dejarme existir en calma, en mi propio plano, en mi propia cabeza, y dejar que tu y tu mitad muerta se hagan bolas con tu existencia desechable y baja en calorías.

Como sea, el resto de ti, esa mitad que puede y quiere tener esperanzas, es un simple y puto cadaver. Húmedo, deshecho, mecánico y empaquetado. Ni siquiera eres consciente de la hora de muerte, doctor, y con todo y eso, te vanaglorias de tener cada minuto cuidadosamente estructurado para aventurarte en el siguiente. Pero yo si sé de cada golpe, cada cuchillada, cada madriza, cada follada, cada escupitajo, cada vejación que ese pobre cuerpo tuvo antes de ser lo que ahora es. Mientras tu te atascabas de retazos de egoísmo y tristeza, a veces con helados trocitos de romance que te quemaron la piel al final, yo le escuchaba sollozar bajito, sin suplicas, sin lagrimas, murmurando las cosas y sueños que nunca pudo tener. No hagas esa cara, por dios, no bajes la mirada; si no soportas ser consciente de lo que eres, y mucho menos que tu Pepe Grillo mal viajado te lo espete, entonces, cierra la ventana y túmbate a dormir. Patalea buscando las pesadillas que nunca tienes y mueres por tener, ahogate en las falsas memorias que te diseñas cada mañana para no sentirte tan vacío y solo. Porque de cualquier forma el cadaver sigue dentro, muy pálido y desmenuzado, y las esquirlas de sus huesos te van a lastimar siempre. Siempre.

¿Triste, no? Que deprimente. Que lovecraftiano. Mírate al espejo, y dime si no alcanzas a ver detrás de esa cara de angel y el cabello esmeradamente desarreglado los restos del Yess que podía sonreír sin sentirse culpable, el Yess que no se obligaba a querer, el Yess que no necesitaba brincotear para convencerse de su capacidad de ilusionarse.

Pff, ya me puse exagerado y dramamón. No me voy a disculpar por deprimirte. Pero tampoco soy tan sádico como tú para pajearme pensando en lo que sufres al leer esto. Si quieres te lo digo: no me caes mal, pero tampoco eres precisamente la persona mas encantadora del mundo. Que tengas absoluto control del cuerpo que (no tengo otra puñetera opción) debo ocupar es realmente jodido. Y aún así, lo acepto. No se trata de conformismo, Yess, y digas lo que digas, el conformismo no es la maldita enfermedad que te crees capaz de sacudir de tu sistema. Es la realidad. Cualquiera de tus fallidos terapeutas, incluso Araceli, te diría que soy un proceso mental, una especie de defensa contra los instintos que ninguno de lo dos querría ver. O te dirían que los indicios de esquizofrenia pasaron de indicios y ya eres el loco que todos esperaban que fueras. O te dirían que realmente estas perdiendo el coco, y te volverían a atascar de pastillas y tu a colocarte muy gustoso. O alguno te podía decir que no eres mas que un pendejo narcisista que quiere llamar la atención que nunca tuvo. Yo escucharía a cada uno pacientemente, con una mueca de hastío, y me cagaría en sus prognosis. Porque yo sé lo que soy, Yess. Tú lo llamas una interpretación diferente de tu propia personalidad, pero yo lo llamo simplemente estar. Estoy aquí, puedo sentirme, puedo escucharme, puedo sentir. Desde las uñas hasta los huesos son tuyos y de nadie mas, pero estoy aquí. Con la misma seguridad que afirmas tu indigna muerte a los 35 años, yo puedo afirmar que estoy aquí, en el mismo lugar donde la persona y no el personaje de Yess vive sus pequeños terremotos.

Supongo que he estado siempre. Hace años, cuando te empujaban entre las bancas y te aporreaban con sus puños y sus coloridas tijeras de punta roma, yo estaba allí, ardiendo de rabia entre tus lágrimas, listo para saltar sobre ellos y arrancarles la nariz a mordidas, atragantarme con su sangre y terminar la tarea de mate que habíamos olvidado. Pero eras tú el que recibía los madrazos, el que se atascaba de moretones, y yo tenía que aceptar que era poco menos que un fantasma. Cuando nos han soltado un regaño estupido e irracional, que tú aceptabas cual coredrito apaleado (porque, recuerda, fuiste educado en la creencia de que guardar secretos es un crimen), yo estaba allí, rechinando los dientes y tragándome por tu voluntad un montón de groserías y excelentes argumentos para asustar a cualquier padre de familia, tutor responsable, señora profesora de tetas grandes. Yo era apenas un mohín en tu rostro, y a veces alcanzaba a gruñir entre tus labios. Has tenido que madurar y sufrir bastante para soltar

Cuando descubriste que los chicos eran un pedazo de porquería bastante guapos, y que las chicas eran una muy comoda compañía, yo estaba allí, con mis once años, ocupándome de descifrar las tonterias que balbuceabas para ti mismo buscando una respuesta que yo tenía, pero no te atrevías a aceptar. Creo que fue mi única verdadera victoria, cuando aceptaste sin mas que no importa lo que cuelgue entre las piernas del universo entero, lo que importan son las personas. Créeme, no han sido chidos los besos con sabor a marlboro, los fajes de rutina y esas tonterías gays que no te importa vivir. Pero lo he aceptado, y mientras te ocupas en eso probablemente yo estoy jalándomela en honor de Emma Watson o Carey Mulligan. Tú eres lo que eres, y creelo o no, mientras no tenga que flirtear con ningún chavo, perfecto por mi, dale duro a la verga.

¿Recuerdas la secundaria, esos años insoportables y detestables que intentas extirpar de tu mente como si fueran un tumor con sabor amargo? ¿Recuerdas las crisis nerviosas, los berrinches, los gritos, las golpizas, las novias putas que te importaban un comino, los amigos que se evaporaban, los cientos de veces que intentaste cortarte y fue tu rabia la que te salvaba la triste vida? Yo estaba allí, tomándome un break en esto de vivir emociones reprimidas, y tú te ocupaste de explotarlas, vivirlas y transformarlas. A mi parecer, no era la forma de vaciar lo que durante años te esforzaste en enterrar, pero por una vez tomaste tus propias decisiones, sin importar cuanta basura volcaras en los demás. Porque te importan las personas. No terminaré de entenderlo nunca, porque a mi el resto de los seres humanos me son demasiado efímeros y encerrados para comprenderlos, pero tú, Yess, maldito seas, puedes escudriñarlos, y de mil formas diferentes, te conectas. Puedes odiar hacerlo, pero te conectas. Es como your best nightmare.

Has tenido buenos momentos. Grandiosos momentos, cabrón, y es tu maldita necedad por contradecir y correr al extremo opuesto de cada evento y cosa lo que los ha convertido en infiernos. No culpas a la suerte, no culpas a dios (
hereje-je-je), no culpas a la maldad imperante en el mundo, te culpas a ti mismo. Pero, joputa, en realidad me culpas a mi. Sin darte cuenta, odias a la parte de ti que si quiere intentar ser feliz, a la parte de ti con cojones para hacer lo que le venga en gana, a la parte de ti que si puede decir TODO lo que le apetezca y no morderse la lengua por ella. Odias a la parte de ti que intenta ser el cadaver de ti mismo, y esa parte soy yo.

Te preguntas, me preguntas porqué me molesto en aparecer ahora. Porqué tu Pepe Grillo mal viajado decide freírte los sesos en este preciso momento de tu vida. ¿Será porque perdiste las ganas incluso de ser un asco? ¿O porque el único sueño real que podías acariciar y perseguir lo has convertido en una patética meta de curriculum? ¿O porque has apostado tu vida a un examen como tantos otros, en vez de apostarla por aquello (y ese quien) a quien tanto
amas? ¿O basicamente porque por fin puedo tomar forma y nombre en la personalidad de un pringado de cómic, y ya no tengo que molestarme en explicarme a mi mismo el significado de mi ocasional existencia?

Al carajo, cualquiera vale.

La cosa es que estoy aquí. Demasiado real, demasiado... inseguro, joder, realmente aterrado. Por fin me conoces tal y como soy, como todo eso que decidiste (¡nadie te lo quitó!) echar bajo la alfombra, porque Yess no puede ser de esos que viven la vida al máximo, sino el que la sortea y le jala las bragas para pisotearla. Me conoces como tu Tyler Durden de poca monta, el Edward Hyde que no admiras, como la vocecita que comparte tu materia gris para invadir el resto de tus entrañas y hacer las cosas correctas. Las buenas, las felices. Las que quiero y tú quieres que sean. Me conoces como un simple aspirante a cadaver, como ese enfermo que no pretende meterte por culo enseñanzas de vida y chorradas new age, sino un poco de orden. Y quién sabe, tal vez una sonrisa real de vez e cuando. Como Las que se pudren sobre el cadaver de lo que nunca fuimos ni seremos.

atte. Dave Lk.

les revenants.


Quisiera tener una excelentísima y emocionante historia para excusar mi larga, larga ausencia de mi H. blog. Quisiera poder contar que me enfundé en spandex y katanas para combatir el narco, me electrocutaron los testículos y me convertí en el Charles de Gaulle chilango. Sería la neta decir que fui abducido por humanoides de ambigua sexualidad, y enfrenté mis demonios internos en un viaje hacia Jupiter sin retorno. Igual y les echo un choro sobre mi (por fin) merecido reconocimiento a la investigación sobre el apareamiento de los ornitorrincos trasvestis, o mínimo que finalmente conseguí un digno trabajo y puedo atascarme de libros y cómics y firuletes hasta enloquecer.

Pero soy honesto, y la verdad es que no he posteado nada simplemente por
pereza. No tuve ideas. Cero. No me apetecía perderme en largas diatribas sobre mi vida como las que suelen encantarme volcar en estos bytes. Algo grande ocupó mi cabeza estos largos días, y ese algo es La Ópera Genética.

(1) No me voy a explayar en detalles: ya todos (creo) saben que uno de mis musicales favoritos es Repo! The Genetic Opera, esa mafufada-rock-casi-gore donde Sarah Brightman se arranca los ojos en un suicidio cleopatresco y Anthony Head descuartiza desgraciados con coritos pegajosos. Después le dedicaré un buen post para contarles las muchas razones para estar en un sitio importante de mi vida. Lo que ahora me importa es LA Ópera, un proyectito que traía entre manos y que, bendito sea Chuck Norris, por fin se hace realidad.

Basicamente, será una adaptación teatral de esa sádica ópera rock, y me ocuparé de dirigir, adaptar, diseñar y demás gracias.
Fernanda se ocupa de las traducciones, la dirección vocal y el protagónico (¿quién mas, vaya?), y si todo apunta a lo que planeamos, estrenaremos en noviembre. Será una puesta en escena extraña, abstracta, minimalista e industrial, mas intrínseca y dramática que el REPO! que todos conocen. Y no me importa decirlo, no recuerdo haber estado tan emocionado desde hace años. No estresado, no agobiado, no aterrado o con ganas de extirparme los riñones con un popote. Pura y felizmente emocionado.

Siempre lo menciono, creo. Pero de todas las cosas que quiero ser en mi vida,
cineasta es mi máxima aspiración. No me pregunten porqué; seguro les respondo con mi típico argumento “tengo complejo de dios, y amo manipular y atormentar vidas ficticias”, o algo así. Simplemente, no hay otra cosa que pueda producirme tanto placer como crear, y el éxtasis de eso es dirigir. Sea cine, sea en teatro, sea en un puto videoclip, un performance, lo único que siquiera se le compara es el vértigo de escribir lineas y lineas construidas y derrumbadas en mi cabeza. Y con todo, escribiendo no tengo el mismo frenesí que al dirigir a un actor. Quienes se atreven a trabajar conmigo lo saben, soy un maniaco incapaz de pensar en otra cosa además de su historia, cagar y respirar. Okey, follar un poco.

El año pasado fue mi último trabajo como director. Realicé
Huis Clos, de Sartre, y en honor a la verdad, no fue lo que esperaba. Pero lo gocé. Como he gozado cada uno de mis trabajos. Los vivo, los sufro, los lloro y los agradezco... Tampoco me pregunten porqué, pero nada se compara con La ópera Genética. No hablo de algo técnico o artístico o aspiracional. Hablo de mis emociones; nunca había sentido tanto arrojo y felicidad al saberme encabezando un proyecto como este, surgido desde cero entre mis viajes de almohada y anfetamina. Nunca había tenido un desafio tan grande, un anhelo tan cabronamente intenso de llegar al día del estreno y verlo nacer ante mis ojos.

Ahora mismo estamos en proceso de
castings, recibiendo solicitudes y todo ese rollo. Si les interesa, fans queridos, chequen el feisbuc de la Ópera para los detallicos de la audición. Y pasen la voz. Estoy tan urgido de actores como Maribel Guardia de una pensión.

(02) El examen al CCC está decidido, si. Pero de la nada también me aferré al examen de admisión a la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM, pues). Especificamente la carrera de Diseño y Comunicación Visual. Eh... Tampoco me pregunten de que va, pero el plan de estudios es una extraña mescolanza de diseño gráfico, comunicaciones, historia del Arte. Por lo menos a mi me calza muy bien. Por supuesto que mis cojones y esperanzas están depositados en el CCC, pero confio en la carrera de diseño como una excelente alternativa. Y, siendo franco, estoy desesperado por estudiar lo que sea.

Hoy terminé mi registro de solicitud por internet. Tuve una pelea espartana con mi cámara para conseguir una foto decente que mandar, y de paso me hice un nuevo y nostálgico avatar. Como sea, está decidido. Y creo que no tendría tanto coraje si no fuera por
Eduardo (o Eddie, o Rubiko, o Summer, como gusten), lo bastante tocado para hacer examen al CCC y contagiarme la idea de entrarle a la carrera de Diseño igual que él. Nunca he necesitado que me digan que hacer y rollos pedagógicos. Pero es genial compartir el camino con alguien que es tu versión optimista, urgente y hetero. Je.

Anyway, por hoy terminé con
aprendizdesamsa. En serio, es un peso que me puedo quitar de encima, con tantas cosas que decir y no tener huevos para soltarlas. Aún tengo demasiada mugre acumulada, así que me soportarán posts diarios, constantes y sufrientes. Si por allí tengo algún fan de esos que correrían en la calle a pedir un autógrafo y les recibiese con una patada a lo Beatrix Kiddo y mentadas dobles, sepan que ya no abandonaré mi blogcito.

Show's over, motherfuckers.


p.d.01: ¿Ya les dije de los castings para La ópera Genética? ¿Ya...? Pues se joden. Actores y actrices de 18 en adelante, con vocales excelentes, freaks y comprometidos. Chequen los detalles aquí, en nuestro feisbuc. Y visiten nuestra linda web, acá mismo.

p.d.02: Por si les interesa, tengo mi lindo twitter, con el acontecer minuto a minuto de mi insulso e irónico existir. Y si lo digo es porque la pinche ballena me borró como 7,000 tweets. Así que técnicamente soy virgen en esto de la tuiteada. Denme follow y gocen con mis quejas y frases lapidarias: twitter.com/YessKx.

p.d.03: ¿Ya les dije de los castings para La ópera Gen...? Okey, dejo de fastidiar.

(arriba) SB19, de Marcel van der Vlugt.

make, make, make...


Well. No he puesto ni mis luces en el blog por... ¿tres semanas? Perdi la cuenta, joder. Es que estas semanas fueron muy... okey, fueron extremas.

Decidí, por fin, salir de mi letargo y aplicar examen para el
CCC (Centro de Capacitación Cinematográfica, vulcanos...). ¿Por qué? Por la misma razón que hago la mayoría de idioteces y fortunas en mi vida: puro impulso y necedad. Ni siquiera sé si lo deseo en realidad, si estoy preparado para volver a encerrarme en aulas, bibliotecas y demás sandeces académicas, o si tengo la suficiente fuerza para tirarme de cabeza a un rio sin saber nadar. Pero voy a hacerlo. Porque soy adicto a llevar la contra, porque me encanta maltratarme (¿ahora entienden mi afición al masoquismo weird?), y porque es un capricho tan grande, un ansia famélica por llenar mis días de algo que valga la pena, que prefiero arriesgarme estupidamente contra 500, 600 pibes mucho mas talentosos que yo, a gimotear y refunfuñar en mi comoda negación por no haberlo intentado.

Honestamente, ya no estoy seguro de nada ni de nadie. Si me conoces bien, sabrás que soy lo bastante arrogante y necio para nunca repensar de mis objetivos, mis capacidades, mis defectos y lo que soy capaz de hacer para conseguir lo que quiero. Nunca había dudado de mi futuro, trazado con exactitud genética, amén de mi ateísmo cojonudo que me impide pensar en un algo insufrible y omnipotente guiando mi existencia... Okey. Nunca había claudicado en mis intentos por destrozar lo que se pusiera enfrente con tal de hacer mi película, mi novela, mi fotografía, mi texto. Y ahora mismo, ahora, me doy cuenta que con este blog no hice otra cosa sino rendirme y autosabotearme, ejercitando mi vena creativa con tristes intentos de visión progresista. Convertí este blog en mi
waiting room (como diría esa maravillosa canción de Emma Dean), y sigo tumbado en una sillita de plastico esperando que regresen las energías que tuve y ya no van a regresar.

Estas semanas sirvieron para tomarme un respiro de mi mismo. Solo puedo decir que mi archiconocida frase
“las cosas que no me enorgullezco, pero tampoco me arrepiento” y experimenté cosas que ni Irving Welsh hubiera concebido. Y créanlo, para un vato aferrado a su elaborado puritanismo geek ajeno al tequila, el crack, el jooging, y demás memeces de tipico adolescente mamón, esto si es grave. No sé si fue el fondo de mi espiral de autodestrucción, si fue el fondo de mis galimatias, o simplemente me colapsé bajo el peso de tanta miseria autoimpuesta, y necesitaba extraviarme en mi lado mas vulgar y mundano para tener una bocanada de aire fresco.

Después de esos días... incómodos, por así decirlo, creo que por fin pude hacerme con un cierto balance. Tuve que revaluar mis opciones, bastante limitadas, neto. Si me conoces, sabras que incluso consideré estudiar psicología forense, solo para consolarme con el hecho de que hay personas infatigablemente mas trastornadas que yo... y que no lo dejan en proyecto, sino que putean a puño limpio. Busqué trabajo, y por supuesto, mis grandes aptitudes como hostess, barista, vendedor de computo y scort me echaron los planes abajo. Tuve que perder la voz por culpa de otra puñetera infección de garganta para comprender que, por ínfimas que sean mis habilidades artísticas, no puedo dejarlas en el desván. Tuve que cruzarme con varias personas que, sin querer, revolucionaron muchas perspectivas que aún no terminaban de madurarme. No sé cuantas noches pasé con la mirada fija en la lampara del cielorraso, cabreado conmigo mismo, con el resto de la humanidad, con mis sueños tontos y con todas las cosas que se escurrieron entre mis manos. Crisisdeidentidad la cargó linda conmigo, y me agotó sangre, sudor y lagrimas en algo tan simple como reflexiones de almohada.

Finalmente, decidí aplicar para el
CCC. Sigo sin saber que tan catastrófico será si vuelvo a fracasar, las cosas de las que soy capaz si tengo que afrontar otra madriza emocional. Pero si algo he aprendido de este repulsivo y vacío año sin pies ni cabeza, es a buscar alternativas para el sufrimiento. Ya no busco el lado bueno a las tragedias miniatura que son como pequeños terremotos dentro de mi: ahora reemplazo la tristeza con enojo, furia, diversión, vicio, lo que sea. Excepto negación. Hace unos meses, intenté negar lo inevitable, y si me conoces, sabrás que hice la peor mejor decisión de mi vida. Probablemente no aprendí nada de esos tiempos chick-flick donde no quise ver mas allá de lo que mi felicidad permitia empañarse; no aprendí a diferenciar entre cariño y necesidad. Pero si descubrí lo que significa la negación. Y puedo decirles que cualquier cosa, cualquiera, incluso la muerte, es mejor que la negación. Tal vez suene demasiado enfermo y destructivo, y seguramente lo es, pero cambiaría todo el dolor y desprecio que he sentido a lo largo de mi vida por cientos de noches borracho, sangrante y mal cogido por un par de curiosos desconocidos en una calle sucia por Viaducto.

Pero no quiero pensar en lo malo. Ni quiero pensar en el fracaso, en el fiasco, en el terror a 12 meses adicionales de caminatas eternas por Reforma a ritmo de Phoenix. Tampoco quiero pensar con ese optimismo mierdero que suele embriagar a los que, justamente, viven con una sobredosis de egoismo implícito. Para mi no aplica el
“todo va a salir bien”. Si alguien está en el hospital, nunca me escuchará decir “vas a estar bien”. Me escucharas un “no soy médico, no puedo decir que saldrás vivo de cirugía, pero haz que valga la pena todo esto”. Por eso, druguitos, soy el peor consuelo para los enfermos. Créanlo, vivir en el hiperrealismo a veces jode mucho.

Quiero pensar en que ahora tengo un objetivo. Perdí todo, absolutamente todo lo que creía y deseaba y me hacía respirar, y por fin empiezo a formar una nueva expectativa. Aslan sabe si es la correcta, o la inadecuada, o si saldré vivo de esto. No me importa tanto pasar el mentado examen como hacerlo. Claro que cuando lo tenga sobre mi enseñando los dientes, voy a pelear y matar con tal de hacerlo mierda y superarlo. Solo por llevar la contra. Vivir es una mierda, pero pierde todo sentido y estructura cuando no tienes algo en que creer. Bendita sea mi desesperación que ya tengo ese
algo.

Ahora solo sé que quiero estudiar Cine, y punto. Ya no necesito nada mas. Quiero intentarlo otra vez. Quiero recuperar mis energías. Quiero volver a exigirme mas de lo que puedo dar. Quiero escapar, y correr, y desatarme de mi mismo. Quiero ser ese Yess ansioso, hiperactivo y desafiante que solía ser. Que mis impulsos me arrastren otra vez. Make, make, make my mind up.


(arriba) One Would, de Cole Rise.
(escuchando) Waiting Room, de Emma Dean.

los mas fuertes.


Okey, vuelvo a hablar de algo importante. Disculpen si no viene mucho al caso, y hagan el favor de no llamarme malinchista, terrorista, fascista, marica o lo que sea sin terminar de leer. Si hablo de esto en particular, es porque estoy muy metido en el tema. Y se los dice un tipo que medita y re-medita estas cosas por horas, días antes de escribirlas.

Hace unos días, la gobernadora de Arizona, Jan Brewer,
promulgó la ley SB1070, que a fin de cuentas todos decidimos llamar “ley Arizona”. Basicamente, criminaliza a los inmigrantes indocumentados, le otorga facultades a los policias federales para detener y catear a personas con la mínima sospecha de ser ilegales. Evidentemente, los principales afectados serán los mojados hispanos, que representan también la principal fuerza laboral del estado. O sea, lo mas chingón de lo chingón.

Me importa muy poco hablar de las consecuencias económicas y políti.../choreras de esto. Todo cae por su propio peso, y como diría Jarvis Cocker,
cunts are still running the world. A mi lo que me importa es el factor humano (órale). En especifico, el factor humano y mexicano. Porque, ciertamente, este país no tiene cara para acusar a Arizona, a Jan Brewer, a los racistas yankees por sus mortífagas acciones. Aceptémoslo: nosotros estamos mucho mas jodidos y equivocados desde los huesos.

Nos quejamos y sufrimos del racismo y la maldad y la intolerancia y la ignominia gringa. Okey, ¿y no tenemos nosotros, humildes y sufridos
mexicanos, la misma aberrante cruzada contra (uno entre tantos) los homosexuales? Ya no hablamos del prehistórico desprecio entre naciones, obligado y casi darwinesco; hablamos de los mismos herederos de culturas que crecieron con la misma piel, la misma sangre derramada, el mismo cabello: el mismo repudio a los raros, donde uno es juzgado como inferior solo por una perspectiva alternativa (nunca diferente) de lo que llaman amor.

¿Como podemos acusar a Jan Brewer de
cerda misógina, si el gobierno de Jalisco, Aguascalientes y aledaños exigen la reprobación legal del matrimonio homosexual y su libertad de expresión? ¿En qué derecho estamos de defender la mano de obra morena en los Yunaitesteis, si los despidos de trabajadores que dan el mal paso acá siguen impunes? ¿Podemos atacar sanamente la monstruosidad de exigir la green card a los paisanos, si la documentación para un seguro social está negada a las aberrantes parejas de lesbianas? ¿Podemos pegar el grito en el cielo por tan asquerosa y distópica injusticia que hace mear a Maquiavelo, cuando seguimos enclosetando adolescentes, echándolos de casa, golpeando, curando, masacrando y persiguiendo una mera extensión de la condición humana?

¿Conocen el grupo
Justicia Ciudadana? ¿Ese que caza, literalmente, parejas gays por la Zona Rosa, para golpearlos, amenazarlos y dejarles un mensajito en video para todos sus maricones compinches? No me parece muy distinto de las escuadras policiales que Brewer “entrenará” para reconocer inmigrantes... Supongo que ayudada con un poster de Speedy Gonzalez vagando en Tijuana, al igual que nosotros, buenísimos y dolidos mexicanos, asociamos homosexual con plumas, pañuelos, caravanas, voces agudas, amanerados, Garcés y bailoteos que ya envidiaría Beyoncé. Al menos Brewer tuvo el surreal descaro de responder un “honestamente no lo sé” al preguntarle como lucen los indocumentados. Cualquier chilango de buen hacer te responderia, a su vez, con una elegante diatriba donde puto, joto, afeminado e inmoral destacan de plano.

Seamos serios, y realistas:
ningún extranjero puede habitar un país sin los papeles en regla. Y eso es en USA, en Suiza, en Burundi, Checoslovaquia y la chingada. En principio, la ley Arizona no hace otra cosa que seguir los lineamientos de la constitución. Que en la praxis sea una idiotez terriblemente mal ejecutada, es otra cosa. Empezando porque Washington no tenía puta idea de los malignos planes de Brewer y su despacho, siguiendo con el resto de estados que ven amenazada su estabilidad por las protestas del mercado latino. Y con todo, sus oscuros pretextos me parecen apropiados y románticos: la idea es proteger al pueblo, según Brewer. Proteger al pueblo norteamericano. Cosa que no vendría mal a nuestro sensatísimo gobierno aprender, mas empecinados en lucirse con su mini NASA de bolsillo, narcoguerras y demás menjurjes que en cohesionar una sociedad fragmentada y autodestructiva. Me recuerda al divertídisimo escándalo por el Muro de la Vergüenza, con las Camaras exigiendo y lloriqueando por las multitudes norteñas que no podrían arriesgar sus vidas en el hostil desierto, en vez de reformar la creación de nuevos empleos dentro del país per se. Supongo que gimotear sale mas barato.

Nosotros, los intachables y tradicionales
mexicanos, para ponernos ad-hoc con lo moderno del siglo XVIII, armamos nuestras protestas y y campañas para defender la “institución” de la familia (ya definida por ese humanista que es Perverto Rivera), neutralizando el germen gay. Porque, a falta de campos de concentración, vacunas o mas asociaciones cristianas con la espapiriflautica capacidad de devolvernos al buen camino, nos conformamos con romper los principios elementales de nuestra constitución, negando los derechos que, injustamente, el colectivo LGBT ha luchado por recuperar.

Queridos medievales y activistas de sillón (
assholes), la Constitución afirma que “el varón y la mujer son iguales ante la ley. Ésta protegerá la organización y el desarrollo de la familia. Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos”. Mejor aún, en sus primeras lineas suelta que “queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas”. Artículos 1 y 4, por cierto.

Ahora, cito
a Carlos Monsivais: “¿de dónde se extrae la un tanto peregrina conclusión: la igualdad ante la ley del varón y la mujer es igual al matrimonio del hombre y la mujer?”. A diferencia de otras naciones donde la homosexualidad es un crimen hecho y derecho (si, las mismas orgullosas de su arsenal nuclear, sus niños con K47 y sus hiyab), México se pretende un paso arriba en sus ideales de aceptación y brave new world; claro, hasta que se topa con que los floripondios escondidos en closets y callejuelas estamos hasta la madre de bajar la guardia, y exigimos a grito pelado nuestro reconocimiento como ciudadanos reales, no esa “pequeña minoria” que Jelipillo nos quiere meter por ojos y oídos. Culeate a quien quieras, baby, todos te respetamos, pero no me exijas tus derechos porque esto se pone cabrón.

¿No es, entonces, tan reprobable desafiar las leyes de la nación mas poderosa del mundo por un capricho que ni el
Gobernator pudo chutarse, como atacar sin ningún pex las garantias individuales de los homosexuales por mero infortunio de ignorancia? Allá en Arizona, minimo, no se andan con rodeos, y sin preguntar al pueblo (que tiene el gobierno que se merece) implantan semejante ley, sin armar encuestas y denuncias alrededor, y a callar. Aquí, sin embargo, nos atenemos a que la mafia Iglesia Católica y Topo Gigio digan que hacer, a quien crucificar, a cual noticiero cambiarle y donde poner las nalgas; los partidos dan a los ciudadanos la oportunidad de echar un fonazo y decidir quien es mas humano que otro; se destinan fondos públicos a campañas de homofobia disfrazada que se aplauden y agradecen, en pos de los derechos de los niños.

Porque, claro, ¡ni pensar en lo traumático y enfermizo que resulta para una criatura ver a dos hombres o dos mujeres besandosé con la misma prudencia que cualquier pareja
straight de defensivos y apropiados mexicanos! Uno de los primeros “valores” inculcados a la niñez azteca es la definición sexual de lo normal, lo correcto, lo natural, o como Esteban Arce atinó a decir con conocimiento enciclopédico, “lo que esta bien es hombre y hembra”. Los críos nacen casi diseñados para ser unos machos cabrios, henchidos de sana y fomentada homofobia. ¿No es uno de los lemas epitaficos de los norteños el “orgullosamente mochos”? ¿No son “pinche puto pendejo” y “no seas maricón” nuestros insultos mas queridos? ¿No son los personajes gays de Televisa (nunca los protas, ¿eh?) el chascarrillo de toda comida?

Los buenistas afirman que el principal riesgo de la adopción homo son los ataques que recibirán los pequeños en la escuela, a causa de tener dos padres o dos madres mas jotos que la discografia de Village People. Y vaya que tienen razón, es por todos sabido que el
bullying es culpa del escuincle con lentes, el escuincle obeso, el escuincle tartamudo, el escuincle prieto, el escuincle joto, jotísimo; nunca de una crianza represora, cegada y mamonamente conservadora. El tipo de crianza que educa a los rubios y changos niños norteamericanos en la tradición del mexicano frijolero con sombrero gigante y el son de la Negra en los labios.

Antes de hacernos los mártires, amén del Complejo del Indito Apaleado, no vendría mal echarnos un vistazo, si acaso somos los mas justos y progres: en la escuela de mi hermana, a Reiko no le llaman Reiko, le llaman
“la niña china”; a Mark no le llaman Mark, sino “el niño negro”. Bueee, a David no le llaman David, sino “el niño enfermito con las muletas”. A la tendera de la esquina no le llaman Olivia, sino “la señora esa que tiene cancer”. A Eduardo no le llaman Eduardo, sino “el hermano jotito de Silvia”. Antes, todos eran perseguidos cual leprosos. Ahora, a falta de naves de los locos, solo nos queda compadecerlos. Pero a fin de cuentas, nunca son seres humanos cualquiera.

So, ¿quién es el malo de la novela? ¿Él que corre de su casa a quien le carga los trapos sucios? ¿Él que reniega a otro de su propia sangre por un beso, una pinche oración? ¿Él que te saca a patadas de su nación? ¿Él que te odia por amar como tu no amas? ¿Quién?

Hey... ¡tú, yankee, joto, prieto, frijolero! ¿De verdad estamos tan equivocados?


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(arriba) cartón para El Universal, del maestro Boligán.